¿Queremos la paz?

04/Ene/2017

Agencia Judía de Noticias, Por Julio María Sanguinetti

¿Queremos la paz?

La paz sólo podrá surgir de una negociación
directa entre Israel y la Autoridad Palestina. Es absurdo, por tanto, que de
antemano se le acepte a una de las partes todas sus demandas. Y Uruguay no
debió nunca quedar en esa posición.
En octubre, el Consejo de Unesco dictó una
resolución que desconocía el derecho de Israel sobre una zona de Jerusalem que
incluye nada menos que el Muro de los Lamentos, el último resto del templo del
rey Salomón y lugar sagrado para el mundo judío. Ahora es el Consejo de
Seguridad el que toma una resolución imponiendo a Israel que se retire a los
territorios anteriores a la guerra de 1967, lo que significa devolver el Este
de Jerusalem y de ese modo abandonar lugares tradicionales del mundo judío, así
como las alturas del Golán, decisivas para el mantenimiento de sus fronteras
seguras.
La gran novedad es que esta vez los EE.UU.
no votaron en contra y, al no ejercer su veto —ya tradicional—, permitieron
salir esta resolución, ya cuestionada por su presidente electo, que ha marcado
una posición mucho más favorable a Israel que la de Obama.
En todo caso, el tema fundamental es: ¿esto
ayuda a la paz? El problema, ¿son los asentamientos israelíes y no el
desconocimiento de Israel que sostiene el gobierno de Gaza a manos de Hamas?
¿El camino mejor hacia la paz es reconocerle al futuro Estado Palestino todas
sus reclamaciones y en consecuencia impedir la posibilidad de un acuerdo
negociado?
Julio María Sanguinetti, Ex Presidente de
Uruguay
Este es el nudo de la cuestión. No habrá
paz mientras no haya una negociación formal entre la Autoridad Palestina,
conducida en Cisjordania por el Presidente Mahmud Abas y el gobierno de Gaza,
hoy bajo la orientación del grupo terrorista Hamas, que ha mantenido una
constante agresión del territorio israelí.
Israel hizo acuerdos de paz con Egipto y
Jordania. Devolvió territorios conquistados, como la península de Sinaí que se
restituyó a Egipto y la propia franja de Gaza, que antes estaba en manos de
Egipto y ahora se le entregó a la Autoridad Palestina. Esta última concesión no
significó nada en el camino de la paz, porque desde ese territorio continúan
las agresiones.
Hoy por hoy todos admiten que habrá dos
Estados. Lo mismo que se resolvió en 1947, cuando Naciones Unidas dividió la
Palestina bajo mandato británico en un estado judío y otro árabe, frustrado
este último por el desconocimiento de los países árabes, que no acataban la
resolución para no aceptar la creación de Israel. Sangre y dolores se hubieran
evitado si en aquel lejano tiempo los árabes hubieran aceptado la creación de
ese Estado. Pero hoy, ante esta realidad, está claro que solo podrá haber dos
Estados formalmente reconocibles si ambos pueden establecer fronteras seguras y
un recíproco reconocimiento.
¿Cómo es posible llegar a ese deseado final
si Hamas no acepta la existencia de Israel y es apoyado en esa locura por
algunos socios poderosos del mundo islámico, en el contexto —además— de una
tremenda agresión a Occidente de los grupos terroristas radicales?
Las colonias judías, unas doscientas,
podrán considerarse legales o ilegales según el momento y las circunstancias.
Muchas de ellas son discutibles, como lo ha reconocido en alguna ocasión
nuestro país, pero esa —justamente— es parte de la negociación que algún día
—si se desea realmente la paz— pueda arreglar toda la situación. No se puede
ignorar un hecho demográfico que pese: en el Este de Jerusalem, en 1972 había
8.500 habitantes, hoy más de 200.000; en el resto, en 1990 había 112 mil
personas en asentamientos, hoy son 350.000. O sea que la presión por territorio
se le ha hecho muy difícil a Israel, al punto que inclusos sus propios
gobiernos no han sido siempre capaces de poder detener su expansión.
Hace muy mal la comunidad internacional en
seguir esta línea de reconocerle a Palestina todo lo que reclama y así hacer
ilusoria cualquier negociación. ¿Cómo se puede invocar el derecho internacional
si hay una parte que ni siquiera reconoce la existencia del otro Estado? Por
eso fue un error el reconocimiento del presunto Estado Palestino que hicieron
organismos como Unesco y algunos Estados nacionales.
Israel entregó Gaza y a cambio obtuvo más
agresión, porque la lectura de los grupos extremistas es que cualquier
concesión que se haga es prueba de la debilidad israelí.
Por todo lo cual es muy infeliz la
resolución del Consejo de Seguridad y triste que Uruguay quede en ese lado del
debate. Fieles a nuestra tradición, no podemos acompañar resoluciones que nos
alejan la paz y, mientras reconocen los reclamos palestinos, ignoran
paladinamente las postulaciones de Israel, único estado de la región que se
gobierna democráticamente y respeta los derechos humanos. El tema no es
sencillo, por cierto, y está además impregnado de hipocresía, porque los
intereses petroleros y aun el temor al radicalismo islámico llevan a muchos
países a alejarse de un Israel que piensan que no les ofrece nada, cuando en
rigor es el bastión del mundo occidental, que si en un remoto día cayera,
dejaría a toda Europa inerme ante la avalancha dogmática.